miércoles, 2 de agosto de 2017

No fue nada

No puedo escribir de ti. Cuando me preguntan por la historia siempre me pasa lo mismo, se me alborota la mente, el corazón y los lagrimales pero me quedo corta en palabras.
Pensaba que esto se debía a mi tristeza, mi decepción, mi coraje …
Ahora que lo reflexiono con cuidado me doy cuenta del problema: No puedes contar algo si no sabes qué pasó. No puedes contar algo si no sabes si de verdad pasó. Incluso en la ficción tienes que creer que pasó para hablar de ello, igual pasa con las mentiras, tienes que creerlas tú primero para que otros lo hagan también.
¿Ya lo ves? Eres tan poco que ni a ficción llegas. No fuiste ni siquiera una mentira en este capítulo de mi vida. Simplemente no fuiste.
Eres increíble. Lo digo en serio. Todo un enigma. ¿Cómo puedes no haber sido y significar tanto a la vez?, ¿Cómo puedes no ser y al mismo tiempo provocar todo este revoltijo de sensaciones?, ¿Cómo es que afirmo que no puedo escribir de ti cuando mis dedos se deslizan tan fácil sobre el teclado?, ¿Por qué se puede llorar por cosas que no pasaron? 
Simple, porque no pasaron.

Pero, ¿Adivina qué? Ahora también sé que se puede sonreír por cosas que van a pasar debido a que algunas otras no pasaron, no fueron. Solo queda despedirme, darte las gracias por todo y tú responderás “No fue nada”. Y en efecto, no fue nada.

viernes, 17 de marzo de 2017

Inocente persecución

Lo que lo hace más doloroso es que me lo dijeron y no quise escuchar. Trataron de advertirme y los mandé al carajo. Quizá sabía muy en mi interior que era doloroso y que la probabilidad de lastimarme era muy alta. Pero no me importó porque había que vivir el momento, dejarse llevar por la adrenalina y averiguar a donde me llevaban las consecuencias. Así tenía que pasar y así pasó.
Estando ahí uno no piensa en el futuro, simplemente hace las cosas por hacerlas. Era un juego solamente, ¿Desde cuando una inocente persecución es peligrosa?
Pues si lo es. Te lo digo desde el piso, con ríos carmín corriendo por toda mi cara y uno de mis ojos punzando de dolor.
Nada me hizo sospechar que algo saldría mal, así somos los niños, creemos que la felicidad es algo constante y si algo la interrumpe hacemos lo que sea con tal de recuperar su curso.
Ya deja eso y hay que jugar algo – me dijiste quitándome el papel periódico que estaba sobre mi mesa.
No, es divertido hacer papel maché – respondí.
Pues a ver como le haces sin el periódico – me retaste burlón.
¡Ya, devuélveme eso! – amenacé levantándome de un salto.
Pues ven por él – dijiste y te echaste a correr guardando el papel bajo el brazo.
–¡Raúl, ya basta! – y corrí detrás de ti como una estúpida, con las tijeras en la mano.
No hace falta dar detalles del resto. Después de algunas vueltas por el salón fui a dar al piso cuando la hebilla de mi zapato se atoró con una mochila que estaba tirada por ahí. Fueron fracciones de segundo pero juro que mientras caía pensé en lo tonta que había sido la idea de participar en aquel juego.
Cuando uno cae al suelo puede amortiguar bastante la caída si tiene suerte y está dotado de unos excelentes reflejos que le permitan poner las manos a tiempo para evitar lesiones graves. En mi caso, los excelentes reflejos fueron mi cruz. Lo malo de los reflejos es que son eso: reflejos, impulsos que no se piensan. Y bueno, mi impulso de poner las manos para no estamparme la cara contra el piso hubiera sido un gran acierto de no ser por las malditas tijeras.
Sentí como el filo del metal penetraba mi córnea de una sola vez y grité, me solté llorando. Me había lastimado en otros lugares pero en ese momento el protagonista era mi ojo y mi cerebro no tenía tiempo de pensar en el dolor de otras partes del cuerpo. Supongo que debió ser muy interesante ver como un lagrimal llora y sangra al mismo tiempo. Ojalá hubiera sido otra y no yo para poder ver la escena desde fuera.
Ahora desde el piso reflexiono las cosas una y otra vez mientras vuelvo a llorar, vuelvo a sangrar y me vuelvo a lastimar. Creo que puedo ver las cosas con mayor claridad. Siempre pensé que mi error era haberte perseguido, haber ido detrás tuyo. El problema es que estaba equivocada. En realidad, correr no fue lo que estuvo mal. Mi equivocación fue el pensar que en esta historia tú eras Raúl, cuando siempre fuiste las tijeras.

lunes, 6 de marzo de 2017

En el parque a la salida

Sí, así estamos educados. Lo sé, lo entiendo.
Déjalo por la paz, que haya un loco y no haya dos, no digas nada para evitar que crezca el problema y consejos por el estilo ... Bah.
Que tremenda estupidez y sin embargo nos tragamos esas mentiras completitas. Así, sin masticar.
Suena sensato, ¿Verdad? ¿Por qué generar un conflicto de mayor magnitud si está en nuestras manos terminarlo?
Bien, ahora pregúntate ¿A dónde se van todos esos problemas que evitamos?
No sé en tu caso, pero te cuento el mío. Todas estas piedritas se me van directas al estómago, a las vísceras, al corazón y a los puños hasta llegar al punto en el que me desbordo toda y es imposible impedir que todo este ácido salga a presión por mis oídos, nariz y boca.
"En el parque a la salida" dicen los revoltosos de secundaria cuando tienen ganas de golpearse, cosa que por supuesto no aplaudo pero sí que les envidio.
Envidio el hecho de que se dan la oportunidad de liberar sus demonios y escupir eso que se les atora en la garganta. Yo sé que muy probablemente no es la mejor manera de hacerlo pero me imagino esa sensación alivio que les debe de quedar después de la golpiza. Se quitan el problema de encima aunque les cueste sangre y dolor, de alguna manera me parece admirable. Esa tranquilidad posterior debe ser exquisita, la quiero.
Cuando me encuentre en una situación parecida quiero gritarle a alguien en la cara alguna frase amenazante y llegada la hora tumbarlo al piso y patearle la cabeza con reclamos y palabras antisonantes, que se entere de existe un problema en el que está involucrado y tenga el valor de afrontarlo.
Porque si es su culpa que me salgan culebras de la boca, merece completamente una mordida de las mismas en lugar de que yo me inyecte todo el veneno.

domingo, 29 de enero de 2017

Platos Rotos

Me gusta estar contigo. Me gusta como nos pasamos los días juntos, los más felices, los más complicados. Ya tenemos años el uno al lado del otro y nos hemos llegado a conocer y entender bastante bien.
Te sabes de memoria mis costumbres y gustos y yo me he aprendido el significado de cada uno de tus gestos y pucheros. Te enteras de inmediato cada vez que algo me sucede y viceversa, además somos los primeros en tratar de ayudarnos a mejorar la situación del otro, cada uno a nuestra manera.
Ese día estaba recostado en tus piernas pensando en el frío que hizo aquella mañana, en serio es una fortuna que me dejes compartir tu cama. Tú acariciabas mi oscura espalda mientras me platicabas cosas que te pasaron en tu trabajo, mencionaste que tu amiga Clara vendría al día siguiente a desayunar, que le ayudarías a hacer algunos preparativos de su boda. "No sabe en lo que se está metiendo", me dijiste con una sonrisa triste en el rostro. 
Me encantaba eso. Fui, era y seré fanático de tu voz por siempre.
Y así estábamos los dos, yo escuchando y tú hablando sin parar. Y así era perfecto, así éramos felices.
De pronto lo escuché llegar, abandoné el sillón de un salto y volví a tu recámara mientras tú corrías a la cocina a servirle la cena antes de que él te lo pidiera y se enfureciera contigo otra vez.
Nunca me agradó. Desde la primera vez que fue a visitarte a casa de tus padres supe que no iba a terminar bien nada de esto pero nunca me imaginé que terminaría de esta manera. Intenté decírtelo muchas veces pero tú no quisiste escuchar, creías que te hacía feliz, que era el hombre de tu vida, el príncipe del cuento.
Cuando te casaste con él casi logra separarnos, ¿Lo recuerdas?. Dijo que él no quería que un estúpido animal estuviera dando vueltas por su casa haciendo destrozos y ensuciando todo. Tuvimos que convencerlo de que solo requiero de mi caja de arena para no dejar sorpresitas por ahí. Le estuviste rogando por días con el argumento de que tú te encargarías de mí completamente y que él no tendría que preocuparse por nada, fuiste tan persistente que no tuvo más remedio que aceptar y nos mudamos de casa los tres juntos. 
Al principio todo iba bien, nada importante. Pero desde la primer escena de enojo que te armó no ha parado, se ha vuelto cada vez más frecuente. No entiendes porqué ni yo tampoco, solo sé que ya no eres la misma chica enamorada de antes, ahora le tienes miedo. La última vez te dejo un bonito tatuaje de su mano en tu mejilla, nadie se dio cuenta porque te las arreglaste para esconderlo con maquillaje pero a mí no puedes mentirme, yo estuve ahí. 
Me siento mal cuando te culpas y lo justificas con pretextos tontos. ¿Cómo explicarte que esto cada vez se parece más a un infierno y que no tienes ninguna necesidad de permanecer aquí?
En fin, ahí estaban tus manos temblorosas sirviendo comida en un plato. No pude escuchar con claridad lo que decía pero empezó a reclamarte de nuevo y su tono de voz aumentaba de volumen cada vez más. Yo también me ponía nervioso cuando esto ocurría pero esa vez estaba preparado.
Ambos estaban sentados en el comedor, tú a su lado derecho y él de espaldas a una bonita vitrina de cristal donde guardabas la vajilla cara que tu madre te había regalado y algunos otros trastes y jarrones. Te gritaba por todo y nada. En realidad no necesitaba una razón válida, el punto era hacerlo y ya, supongo que para reafirmarse a sí mismo su papel de macho dominante o algo así.
Caminé sigiloso hacia la vitrina mientras él seguía con el alboroto y tú con tu mirada de espanto, con los ojos en blanco. Me metí dentro del mueble por una de las puertas corredizas que me aseguré de dejar abierta y con cuidado trepé hasta la repisa más alta como muchas veces había hecho y me quedé ahí, observando como siempre.
El seguía vociferando cosas y cuando intentabas responderle algo te callaba gritando aún más fuerte, golpeaba la mesa quejándose de lo que fuera. En una de esas se te ocurrió mencionar que no era para tanto y que debería calmarse, lo cual despertó a la bestia que esperaba el momento oportuno para salir y golpearte, demostrando quién mandaba ahí. Te miró fijamente frunciendo el ceño, respirando rápido por la nariz y así, sin más y con un rápido movimiento de brazo, tiró el plato y demás trastes al piso provocando un sobresalto tuyo, ya que no te lo esperabas. Se levantó de su silla al igual que tú, él por rabia y tú por instinto. "No Victor, perdóname, no quise decir eso, por favor no", suplicabas llorosa. 
Eso era lo que pasaba con ustedes, pero entre tanto yo me esforzaba en recargar todo mi peso en el cristal una y otra vez, haciendo que la vitrina se inclinara hacia adelante. Y justo en el momento en que se dirigía hacia ti para lanzarte contra la pared ... ¡CRASH! El mueble y yo caímos sobre él, tú pudiste quitarte gracias a tus atinados reflejos y no te tocaron más que algunos pedazos de vidrio que saltaron hacia ti. Pero él ... digamos que no pudo vivir para contarlo.
Su tosco cuerpo emanando sangre y aplastado con lo que quedó de una vitrina. Trozos de vajilla por todas partes, tú histérica, por supuesto y yo con filosos adornos encajados en todo mi cuerpo. No fue nada agradable para ninguno aunque debo admitir que me sentí bastante satisfecho al saber que no te volvería a tocar nunca más, aunque mi séptima vida haya tenido que pagar el precio de sus platos rotos.

jueves, 26 de enero de 2017

Vacío

- ... entonces la luz viaja a través del vacío y ... - explicaba una compañera a toda la clase.
- ¿Ah, si? Explíquennos señorita, ¿Qué es el vacío? - interrumpió el profesor de manera retadora. 
- Es el espacio que no tiene nada - se adelantó a responder un compañero.
- Ausencia de materia - dijo otro más con aire de superioridad.
...
   ...
      ...

Ahí me perdí yo, pues me quedé pensando en aquella interrogante. 
Vacío.
Piénsalo conmigo por un momento. 
"Vacío", la palabra retumba como corazón acelerado dentro de mi cabeza.
Vacío, vacío, vacío.
Nada. Espacio sin nada. Hueco. 
Ni aire, ni tierra, ni fuego ni nada. NADA.
Por alguna razón la palabrita me perfora el pecho como si fuera un taladro.
No cuento en mi cerebro con una definición enciclopédica para explicarla, sin embargo sé como se siente. Porque de algún modo me describe en este momento, me queda a la perfección, me la pongo con delicadeza y cautelosamente. Me la pongo porque sí, me queda, pero yo quisiera que no.
Me parece una cruel ironía. Vacío. Si, claro. Asquerosa y sarcástica palabra. Que alguien me explique entonces si es tan "vacío" porqué me hace sentir tan llena de todo lo que no quiero sentir. 
No quiero sentir pero no puedo dejar de hacerlo, es imposible quedarse como sin nada, pretender ser un maniquí ante otros para demostrar que uno es fuerte. Ponerse el antifaz para que los demás crean que estás bien, que eres guerrera, que no te importa lo que pasó. Bah.
Hoy quiero decirte que SÍ me afecta, SÍ me duele, SÍ te lloro. Y no pretendo ni siquiera que te enteres. Esto no se trata de ti, se trata de mí, de las personas que a veces olvidamos que podemos decidir hasta donde dejar pasar a otros a nuestra vida, que tenemos derecho a sentir. A fin de cuentas no tiene nada de malo, a todos nos pasa. 
Como sea, el reloj llega a las 11:00 a.m y me quedo con todo esto dándome vueltas, mareándome.
Camino por el pasillo y me cruzo con tu mirada ...
- Hey! ¿Cómo estás? - me preguntas cabizbajo.
Te miro fijamente, levantó mi ceja derecha y respondo:
- Vacía, muy vacía. 
Me doy la media vuelta y me voy para nunca más volver. O mejor dicho, para no dejarte volver jamás.

martes, 24 de enero de 2017

Mi universo entero

La miro y es como volver a empezar todo de nuevo. Como si no importara todo el camino polvoriento y oscuro por el que tuve que pasar para llegar hasta aquí, porque realmente así es, realmente me doy cuenta que ya no tiene importancia alguna, ahora todo eso es historia.
No sé como acercarme a ella, pareciera que ya lo tiene todo resuelto, tiene ese semblante de saber manejarlo todo, sin embargo no sé si pueda manejar algo como esto.
Quisiera correr hacia ella, abrazarla y pedirle perdón por todo lo que le hice, pero lo que mas me gustaría que me perdonara es todo aquello que no me atreví a hacer.
Cuando tomé la gran decisión pensé que no me afectaría, ingenuamente creí que escapaba del problema, cuando lo que en realidad pasó fue que me llevé el problema a vivir conmigo para siempre.
Realmente no encuentro palabras para describir todo el cúmulo de sentimientos que me llueven desde el alma. ¡La encontré, por fin la encontré! Es tan hermosa como ver un atardecer junto a tu persona favorita, como esa flor que cortas en el campo para colocarla en el cabello de tu amada. Hay escritores que comparan la belleza con la luna o las estrellas, pero este no es el caso, porque si así lo fuera ella sería todo un universo entero, mi universo entero.
Me arrepiento tanto de haberla dejado sola en todos esos momentos de su vida en los que me necesitó, y no me refiero específicamente a momentos difíciles, ¿Quién dijo que solo necesitamos a otros cuando tenemos problemas? Para nada. A mi me hubiera encantado ser cómplice de sus sonrisas y compañero de sus logros al igual que consuelo de sus lágrimas y venda de sus heridas. Y claro, ahora lo digo porque ahora lo sé, porque ahora me doy cuenta verdaderamente de lo que es no haberlo sido.   
En ese entonces no lo sabía. Duele decirlo pero en aquel entonces la veía como mi problema entero y ahora, al contemplarla en este instante solo logro concebirla tan bella como su madre, la que en ese entonces pudo haber sido mi universo entero, pero no lo fue.

jueves, 19 de enero de 2017

Te escribiría una canción

Te escribiría una canción porque me parece una buena manera de resumirte en cuatro minutos las reacciones que le provocas a mi cuerpo.

Quiero que te enteres de que te pienso todo el día, creando en mi mente situaciones imaginarias para ambos, que tengas en cuenta los pecados que por ti he cometido y te atrevas a meterte en problemas arrastrado por mis pasos.

Una canción para ti sería perfecta porque así podrías ayudarme a ponerle notas musicales y tararearla juntos en nuestros momentos de miel. Incluso hasta creo que podrías escucharla cuando estés enfadado conmigo para recordar porqué me quieres tanto, porqué nos queremos tanto.

Pienso en un montón de cosas que podría decirte en ella, y aunque la mayoría suenen muy cliché, sé que te gustaría por el simple hecho de haberla escrito especialmente para ti.

Yo la cantaría en la ducha porque sabes que me aterra hacerlo en público y le susurraría la letra a tus oídos para provocarte hasta que tus besos me interrumpan.

Te escribiría una canción por el simple hecho de que me nace y tú me inspiras. Luego me acuerdo de que son solamente fantasías.

Te escribiría una canción si realmente me quisieras y si alrededor de tu mano no estuviera la de ella.