Sí, así estamos educados. Lo sé, lo entiendo.
Déjalo por la paz, que haya un loco y no haya dos, no digas nada para evitar que crezca el problema y consejos por el estilo ... Bah.
Que tremenda estupidez y sin embargo nos tragamos esas mentiras completitas. Así, sin masticar.
Suena sensato, ¿Verdad? ¿Por qué generar un conflicto de mayor magnitud si está en nuestras manos terminarlo?
Bien, ahora pregúntate ¿A dónde se van todos esos problemas que evitamos?
No sé en tu caso, pero te cuento el mío. Todas estas piedritas se me van directas al estómago, a las vísceras, al corazón y a los puños hasta llegar al punto en el que me desbordo toda y es imposible impedir que todo este ácido salga a presión por mis oídos, nariz y boca.
"En el parque a la salida" dicen los revoltosos de secundaria cuando tienen ganas de golpearse, cosa que por supuesto no aplaudo pero sí que les envidio.
Envidio el hecho de que se dan la oportunidad de liberar sus demonios y escupir eso que se les atora en la garganta. Yo sé que muy probablemente no es la mejor manera de hacerlo pero me imagino esa sensación alivio que les debe de quedar después de la golpiza. Se quitan el problema de encima aunque les cueste sangre y dolor, de alguna manera me parece admirable. Esa tranquilidad posterior debe ser exquisita, la quiero.
Cuando me encuentre en una situación parecida quiero gritarle a alguien en la cara alguna frase amenazante y llegada la hora tumbarlo al piso y patearle la cabeza con reclamos y palabras antisonantes, que se entere de existe un problema en el que está involucrado y tenga el valor de afrontarlo.
Porque si es su culpa que me salgan culebras de la boca, merece completamente una mordida de las mismas en lugar de que yo me inyecte todo el veneno.
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