domingo, 29 de enero de 2017

Platos Rotos

Me gusta estar contigo. Me gusta como nos pasamos los días juntos, los más felices, los más complicados. Ya tenemos años el uno al lado del otro y nos hemos llegado a conocer y entender bastante bien.
Te sabes de memoria mis costumbres y gustos y yo me he aprendido el significado de cada uno de tus gestos y pucheros. Te enteras de inmediato cada vez que algo me sucede y viceversa, además somos los primeros en tratar de ayudarnos a mejorar la situación del otro, cada uno a nuestra manera.
Ese día estaba recostado en tus piernas pensando en el frío que hizo aquella mañana, en serio es una fortuna que me dejes compartir tu cama. Tú acariciabas mi oscura espalda mientras me platicabas cosas que te pasaron en tu trabajo, mencionaste que tu amiga Clara vendría al día siguiente a desayunar, que le ayudarías a hacer algunos preparativos de su boda. "No sabe en lo que se está metiendo", me dijiste con una sonrisa triste en el rostro. 
Me encantaba eso. Fui, era y seré fanático de tu voz por siempre.
Y así estábamos los dos, yo escuchando y tú hablando sin parar. Y así era perfecto, así éramos felices.
De pronto lo escuché llegar, abandoné el sillón de un salto y volví a tu recámara mientras tú corrías a la cocina a servirle la cena antes de que él te lo pidiera y se enfureciera contigo otra vez.
Nunca me agradó. Desde la primera vez que fue a visitarte a casa de tus padres supe que no iba a terminar bien nada de esto pero nunca me imaginé que terminaría de esta manera. Intenté decírtelo muchas veces pero tú no quisiste escuchar, creías que te hacía feliz, que era el hombre de tu vida, el príncipe del cuento.
Cuando te casaste con él casi logra separarnos, ¿Lo recuerdas?. Dijo que él no quería que un estúpido animal estuviera dando vueltas por su casa haciendo destrozos y ensuciando todo. Tuvimos que convencerlo de que solo requiero de mi caja de arena para no dejar sorpresitas por ahí. Le estuviste rogando por días con el argumento de que tú te encargarías de mí completamente y que él no tendría que preocuparse por nada, fuiste tan persistente que no tuvo más remedio que aceptar y nos mudamos de casa los tres juntos. 
Al principio todo iba bien, nada importante. Pero desde la primer escena de enojo que te armó no ha parado, se ha vuelto cada vez más frecuente. No entiendes porqué ni yo tampoco, solo sé que ya no eres la misma chica enamorada de antes, ahora le tienes miedo. La última vez te dejo un bonito tatuaje de su mano en tu mejilla, nadie se dio cuenta porque te las arreglaste para esconderlo con maquillaje pero a mí no puedes mentirme, yo estuve ahí. 
Me siento mal cuando te culpas y lo justificas con pretextos tontos. ¿Cómo explicarte que esto cada vez se parece más a un infierno y que no tienes ninguna necesidad de permanecer aquí?
En fin, ahí estaban tus manos temblorosas sirviendo comida en un plato. No pude escuchar con claridad lo que decía pero empezó a reclamarte de nuevo y su tono de voz aumentaba de volumen cada vez más. Yo también me ponía nervioso cuando esto ocurría pero esa vez estaba preparado.
Ambos estaban sentados en el comedor, tú a su lado derecho y él de espaldas a una bonita vitrina de cristal donde guardabas la vajilla cara que tu madre te había regalado y algunos otros trastes y jarrones. Te gritaba por todo y nada. En realidad no necesitaba una razón válida, el punto era hacerlo y ya, supongo que para reafirmarse a sí mismo su papel de macho dominante o algo así.
Caminé sigiloso hacia la vitrina mientras él seguía con el alboroto y tú con tu mirada de espanto, con los ojos en blanco. Me metí dentro del mueble por una de las puertas corredizas que me aseguré de dejar abierta y con cuidado trepé hasta la repisa más alta como muchas veces había hecho y me quedé ahí, observando como siempre.
El seguía vociferando cosas y cuando intentabas responderle algo te callaba gritando aún más fuerte, golpeaba la mesa quejándose de lo que fuera. En una de esas se te ocurrió mencionar que no era para tanto y que debería calmarse, lo cual despertó a la bestia que esperaba el momento oportuno para salir y golpearte, demostrando quién mandaba ahí. Te miró fijamente frunciendo el ceño, respirando rápido por la nariz y así, sin más y con un rápido movimiento de brazo, tiró el plato y demás trastes al piso provocando un sobresalto tuyo, ya que no te lo esperabas. Se levantó de su silla al igual que tú, él por rabia y tú por instinto. "No Victor, perdóname, no quise decir eso, por favor no", suplicabas llorosa. 
Eso era lo que pasaba con ustedes, pero entre tanto yo me esforzaba en recargar todo mi peso en el cristal una y otra vez, haciendo que la vitrina se inclinara hacia adelante. Y justo en el momento en que se dirigía hacia ti para lanzarte contra la pared ... ¡CRASH! El mueble y yo caímos sobre él, tú pudiste quitarte gracias a tus atinados reflejos y no te tocaron más que algunos pedazos de vidrio que saltaron hacia ti. Pero él ... digamos que no pudo vivir para contarlo.
Su tosco cuerpo emanando sangre y aplastado con lo que quedó de una vitrina. Trozos de vajilla por todas partes, tú histérica, por supuesto y yo con filosos adornos encajados en todo mi cuerpo. No fue nada agradable para ninguno aunque debo admitir que me sentí bastante satisfecho al saber que no te volvería a tocar nunca más, aunque mi séptima vida haya tenido que pagar el precio de sus platos rotos.

jueves, 26 de enero de 2017

Vacío

- ... entonces la luz viaja a través del vacío y ... - explicaba una compañera a toda la clase.
- ¿Ah, si? Explíquennos señorita, ¿Qué es el vacío? - interrumpió el profesor de manera retadora. 
- Es el espacio que no tiene nada - se adelantó a responder un compañero.
- Ausencia de materia - dijo otro más con aire de superioridad.
...
   ...
      ...

Ahí me perdí yo, pues me quedé pensando en aquella interrogante. 
Vacío.
Piénsalo conmigo por un momento. 
"Vacío", la palabra retumba como corazón acelerado dentro de mi cabeza.
Vacío, vacío, vacío.
Nada. Espacio sin nada. Hueco. 
Ni aire, ni tierra, ni fuego ni nada. NADA.
Por alguna razón la palabrita me perfora el pecho como si fuera un taladro.
No cuento en mi cerebro con una definición enciclopédica para explicarla, sin embargo sé como se siente. Porque de algún modo me describe en este momento, me queda a la perfección, me la pongo con delicadeza y cautelosamente. Me la pongo porque sí, me queda, pero yo quisiera que no.
Me parece una cruel ironía. Vacío. Si, claro. Asquerosa y sarcástica palabra. Que alguien me explique entonces si es tan "vacío" porqué me hace sentir tan llena de todo lo que no quiero sentir. 
No quiero sentir pero no puedo dejar de hacerlo, es imposible quedarse como sin nada, pretender ser un maniquí ante otros para demostrar que uno es fuerte. Ponerse el antifaz para que los demás crean que estás bien, que eres guerrera, que no te importa lo que pasó. Bah.
Hoy quiero decirte que SÍ me afecta, SÍ me duele, SÍ te lloro. Y no pretendo ni siquiera que te enteres. Esto no se trata de ti, se trata de mí, de las personas que a veces olvidamos que podemos decidir hasta donde dejar pasar a otros a nuestra vida, que tenemos derecho a sentir. A fin de cuentas no tiene nada de malo, a todos nos pasa. 
Como sea, el reloj llega a las 11:00 a.m y me quedo con todo esto dándome vueltas, mareándome.
Camino por el pasillo y me cruzo con tu mirada ...
- Hey! ¿Cómo estás? - me preguntas cabizbajo.
Te miro fijamente, levantó mi ceja derecha y respondo:
- Vacía, muy vacía. 
Me doy la media vuelta y me voy para nunca más volver. O mejor dicho, para no dejarte volver jamás.

martes, 24 de enero de 2017

Mi universo entero

La miro y es como volver a empezar todo de nuevo. Como si no importara todo el camino polvoriento y oscuro por el que tuve que pasar para llegar hasta aquí, porque realmente así es, realmente me doy cuenta que ya no tiene importancia alguna, ahora todo eso es historia.
No sé como acercarme a ella, pareciera que ya lo tiene todo resuelto, tiene ese semblante de saber manejarlo todo, sin embargo no sé si pueda manejar algo como esto.
Quisiera correr hacia ella, abrazarla y pedirle perdón por todo lo que le hice, pero lo que mas me gustaría que me perdonara es todo aquello que no me atreví a hacer.
Cuando tomé la gran decisión pensé que no me afectaría, ingenuamente creí que escapaba del problema, cuando lo que en realidad pasó fue que me llevé el problema a vivir conmigo para siempre.
Realmente no encuentro palabras para describir todo el cúmulo de sentimientos que me llueven desde el alma. ¡La encontré, por fin la encontré! Es tan hermosa como ver un atardecer junto a tu persona favorita, como esa flor que cortas en el campo para colocarla en el cabello de tu amada. Hay escritores que comparan la belleza con la luna o las estrellas, pero este no es el caso, porque si así lo fuera ella sería todo un universo entero, mi universo entero.
Me arrepiento tanto de haberla dejado sola en todos esos momentos de su vida en los que me necesitó, y no me refiero específicamente a momentos difíciles, ¿Quién dijo que solo necesitamos a otros cuando tenemos problemas? Para nada. A mi me hubiera encantado ser cómplice de sus sonrisas y compañero de sus logros al igual que consuelo de sus lágrimas y venda de sus heridas. Y claro, ahora lo digo porque ahora lo sé, porque ahora me doy cuenta verdaderamente de lo que es no haberlo sido.   
En ese entonces no lo sabía. Duele decirlo pero en aquel entonces la veía como mi problema entero y ahora, al contemplarla en este instante solo logro concebirla tan bella como su madre, la que en ese entonces pudo haber sido mi universo entero, pero no lo fue.

jueves, 19 de enero de 2017

Te escribiría una canción

Te escribiría una canción porque me parece una buena manera de resumirte en cuatro minutos las reacciones que le provocas a mi cuerpo.

Quiero que te enteres de que te pienso todo el día, creando en mi mente situaciones imaginarias para ambos, que tengas en cuenta los pecados que por ti he cometido y te atrevas a meterte en problemas arrastrado por mis pasos.

Una canción para ti sería perfecta porque así podrías ayudarme a ponerle notas musicales y tararearla juntos en nuestros momentos de miel. Incluso hasta creo que podrías escucharla cuando estés enfadado conmigo para recordar porqué me quieres tanto, porqué nos queremos tanto.

Pienso en un montón de cosas que podría decirte en ella, y aunque la mayoría suenen muy cliché, sé que te gustaría por el simple hecho de haberla escrito especialmente para ti.

Yo la cantaría en la ducha porque sabes que me aterra hacerlo en público y le susurraría la letra a tus oídos para provocarte hasta que tus besos me interrumpan.

Te escribiría una canción por el simple hecho de que me nace y tú me inspiras. Luego me acuerdo de que son solamente fantasías.

Te escribiría una canción si realmente me quisieras y si alrededor de tu mano no estuviera la de ella.